Lenin: Julio, 1916: Balance de la discusión sobre la autodeterminación .
11. CONCLUSIÓN
Pese a la afirmación equivocada de los socialdemócratas polacos, la reivindicación de autodeterminación de las naciones ha desempeñado en la agitación de nuestro Partido un papel no menos importante que, por ejemplo, el armamento del pueblo, la separación de la Iglesia y el Estado, la elección de los funcionarios por el pueblo y otros puntos calificados de "utópicos" por los filisteos. Por contrario, la animación de los movimientos nacionales después de 1905 suscitó también lógicamente una animación de nuestra agitación: una serie de artículos en 1912-1913 y la resolución aprobada por nuestro Partido en 1913, que dio una definición exacta y "antikautskiana" (es decir, intransigente con el "reconocimiento" puramente verbal) de la esencia de la cuestión.
Entonces ya se puso al descubierto un hecho que es intolerable soslayar: oportunistas de distintas naciones, el ucraniano Yurkévich, el bundista Libman, el lacayo ruso de Potrésov y Cía., Semkovski, ¡se pronunciaron en pro de los argumentos de Rosa Luxemburgo contra la autodeterminación! Lo que en la socialdemocracia polaca era únicamente una generalización teórica equivocada de las condiciones especiales del movimiento en Polonia, se convirtió en el acto (en una situación más amplia, en las condiciones de un Estado no pequeño, sino grande, en escala internacional y no en la estrecha escala de Polonia), de hecho y objetivamente, en un apoyo oportunista al imperialismo ruso. La historia de las corrientes del pensamiento político (a diferencia de las opiniones de algunas personas) ha venido a confirmar el acierto de nuestro programa.
Y ahora, los socialimperialistas francos del tipo de Lensch se alzan abiertamente contra la autodeterminación y contra la negación de las anexiones. En cambio, los kautskianos reconocen hipócritamente la autodeterminación: en nuestro país, en Rusia, siguen ese camino Trotski y Mártov. De palabra, ambos están a favor de la autodeterminación, como Kautsky. ¿Y de hecho? Trotski -tomad su artículo La nación y la economía, en Nashe Slovo- nos muestra su eclecticismo habitual: de una parte, la economía fusiona las naciones; de otra, la opresión nacional las desune. ¿Conclusión? La conclusión consiste en que la hipocresía reinante sigue sin desenmascarar, la agitación resulta exánime, no aborda lo principal, lo cardinal, lo esencial, lo cercano a la práctica: la actitud ante la nación oprimida por "mi" nación. Mártov y otros secretarios del extranjero han preferido olvidar -¡provechosa falta de memoria!- la lucha de su colega y compañero Semkovski contra la autodeterminación. Mártov ha escrito en la prensa legal de los gvozdiovistas (Nash Golos) en pro de la autodeterminación, demostrando la verdad incontestable de que ésta en la guerra imperialista no obliga todavía a participar, etc., pero rehuyendo lo principal -¡lo rehuye incluso en la prensa ilegal, en la prensa libre!-, que consiste en que Rusia ha batido también durante la paz el récord mundial de opresión de las naciones sobre la base de un imperialismo mucho más brutal, medieval, atrasado económicamente, burocrático y militar. El socialdemócrata ruso que "reconoce" la autodeterminación de las naciones aproximadamente igual que lo hacen los señores Plejánov, Potrésov y Cía., es decir, sin luchar en defensa de la libertad de separación de las naciones oprimidas por el zarismo, es, de hecho, un imperialista y un lacayo del zarismo.
Cualesquiera que sean los "buenos" propósitos subjetivos de Trotski y Mártov, objetivamente apoyan con sus evasivas al socialimperialismo ruso. La época imperialista ha convertido a todas las "grandes" potencias en opresoras de una serie de naciones, y el desarrollo del imperialismo llevará ineluctablemente a una división más clara de las corrientes en torno a esta cuestión también en la socialdemocracia internacional.